miércoles, 7 de enero de 2015

A él pongo por testigo


Qué coraje el del intrépido guerrero, con un arma bajo el brazo. Qué osadía la del bravo defensor de una doctrina, empuñando sus motivos. Qué magnífica lealtad la del devoto, si son balas las que acercan el nirvana.

Qué delirio de grandeza tan rotundo es el destino del creyente: nunca falla. Si algo sale bien, dios así lo ha querido. Si algo sale mal, no hay ningún problema, dios obrará en consecuencia para revertir la situación.

Qué admirable compromiso el del fanático, cuando otros bailan a su lado. Qué atrevido el paladín de un evangelio, si un santo es el que aprueba su trabajo. En el currículum vitae de todo beato que se precie, que por favor no falte su máster en sectarismo y buena fe. Porque la intención siempre es buena, decía un brillante eslogan publicitario.

Qué buena vida el acogerse a lo sagrado. Qué buen vivir el predicar. Qué astucia la del listo cuando habla, si previamente amordazó al tonto.

Qué valiente es el valiente hijo de puta que se esconde en las banderas y los credos.

Y qué cobardes los demás.

No hay comentarios: