Si voy contigo, enséñame a volar.
¿Lo prometes?
A cambio no permitiré que nada ni nadie ni nunca te haga daño.
Pagaré al contado cada una de tus lágrimas.
Me ganaré tu hemisferio sur cuando haya conquistado el del norte.
Cultivaré latifundios en tu cosecha de estremecimientos.
Dejaré que soples las velas de nuestro barquito de cáscara de nuez.
Tendremos dos hijos, dos perros y dos cacatúas que entonarán canciones de Sabina y los Stones.
Cuando seamos mayores no pasará un solo día sin desearte las buenas noches.
Después follaremos hasta que se derritan las persianas.
Y te haré, serás, fe-liz.
Porque una promesa es una promesa.
Hasta que se parte en mil pedazos.
miércoles, 25 de julio de 2012
sábado, 30 de junio de 2012
"Con lo que hemos sido", Toma Cuatro
No se le puede llamar destino porque esos pantalones le quedan grandes, y tampoco inercia, ya que el impulso que cogimos fue lo suficientemente poderoso como para vivir media vida en distintos sistemas solares.
Así que lo llamé azar, como llamé a la baldosa que me hizo tropezar ante sus ojos mientras le daba un sorbito a su ron con cocacola, o como apodé a John Lennon cuando entonó el twist and shout que me empujó a sus caderas. Como llamé al techo de hormigón que ahogó la cobertura de mi móvil y del suyo, al escalón donde arrastramos nuestras huellas, y a los tres primeros números que arrojó hasta mi agenda. Azar, tal y como rezaba en luces de neón la parada de autobús que escuchó su primer hasta mañana, la servilleta de papel que la besó en el irlandés al día siguiente, y los treinta grados a la sombra que arrancaron nuestra ropa.
Y como llamé a la milésima de segundo que olvidé que ella era lo más importante del mundo.
Todo eso era azar.
Y lo demás, basura y demagogia.
Así que lo llamé azar, como llamé a la baldosa que me hizo tropezar ante sus ojos mientras le daba un sorbito a su ron con cocacola, o como apodé a John Lennon cuando entonó el twist and shout que me empujó a sus caderas. Como llamé al techo de hormigón que ahogó la cobertura de mi móvil y del suyo, al escalón donde arrastramos nuestras huellas, y a los tres primeros números que arrojó hasta mi agenda. Azar, tal y como rezaba en luces de neón la parada de autobús que escuchó su primer hasta mañana, la servilleta de papel que la besó en el irlandés al día siguiente, y los treinta grados a la sombra que arrancaron nuestra ropa.
Y como llamé a la milésima de segundo que olvidé que ella era lo más importante del mundo.
Todo eso era azar.
Y lo demás, basura y demagogia.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
miércoles, 6 de junio de 2012
Tramontana
Sin quererlo, aprendí a querer el viento.
Sin quererlo, aprendí a respirarte, y tu aliento, fue el único valiente, que alimentaba a este cobarde con su voz.
Con una sola bocanada, con que nazca de tu boca o de tu falda, sóplame en estos tiempos de cólera y bancarrota, de raíces sin sustento.
Con una sola bocanada, con que pintes pentagramas a mis notas. Sóplame, que tus querellas ya han dejado en evidencia, al fiscal que me condena, a la trena del recuerdo.
Sóplame, fría y mansa, desde el mundo de tu alcoba. Que me faltan tres, o cuatrocientas, segundas partes de esta historia.
Con esa brisa huracanada, sóplame, que me congele en estas ascuas. Que me crea lo increíble que parezca, no viajar en tus maletas si te alejas, de mis versos y rescoldos.
Sóplame, que estaré atento. Aquí te espero, en este tren descarriado, sin estaciones en tu cuerpo. Llévame, y acampando en tus botones, al abrigo de tu blusa.
Y de tu aliento.
Sóplame, bella musa.
Que te busco.
Y no te...
Sin quererlo, aprendí a respirarte, y tu aliento, fue el único valiente, que alimentaba a este cobarde con su voz.
Con una sola bocanada, con que nazca de tu boca o de tu falda, sóplame en estos tiempos de cólera y bancarrota, de raíces sin sustento.
Con una sola bocanada, con que pintes pentagramas a mis notas. Sóplame, que tus querellas ya han dejado en evidencia, al fiscal que me condena, a la trena del recuerdo.
Sóplame, fría y mansa, desde el mundo de tu alcoba. Que me faltan tres, o cuatrocientas, segundas partes de esta historia.
Con esa brisa huracanada, sóplame, que me congele en estas ascuas. Que me crea lo increíble que parezca, no viajar en tus maletas si te alejas, de mis versos y rescoldos.
Sóplame, que estaré atento. Aquí te espero, en este tren descarriado, sin estaciones en tu cuerpo. Llévame, y acampando en tus botones, al abrigo de tu blusa.
Y de tu aliento.
Sóplame, bella musa.
Que te busco.
Y no te...
Prescripciones:
Recetas personalizadas
sábado, 19 de mayo de 2012
El otro lado de la tostada
Por si duermes.
Y estás preciosa.
Ronroneando, en la almohada de un tipo afortunado, o de un idiota.
Por si los dedos de tus pies están descalzos. Y los frotas, y recuerdas que hubo un tiempo en que esos dedos se frotaban con los dedos de otro idiota.
Por si sueñas. Por si se cumple la mitad de la mitad de lo que sueñas.
Por si te estremeces, y al abrigo de otros brazos. Por si alimentan tus bocados, y la bulimia de otros labios.
Que hubo un tiempo, que lo hubo. Y respiraba, como quien respira en un campo de violetas y azucenas, y tenía alergia a las distancias que distanciaban tus lunares.
Y se mecía, en la espuma de las olas, y sus mares, no entendían de mareas. Y caminaba. Y por la arena, levantando con sus pasos oro y plata, y la brisa le lamía por su piel de porcelana. Y le hacían reverencias monarquías, continentes, bancos, selvas y praderas.
Eso que ahora es, un páramo.
Pero estás preciosa.
Porque hubo un tiempo.
Pero ahora.
Por si despiertas.
Por si olvidas.
Y estás preciosa.
Ronroneando, en la almohada de un tipo afortunado, o de un idiota.
Por si los dedos de tus pies están descalzos. Y los frotas, y recuerdas que hubo un tiempo en que esos dedos se frotaban con los dedos de otro idiota.
Por si sueñas. Por si se cumple la mitad de la mitad de lo que sueñas.
Por si te estremeces, y al abrigo de otros brazos. Por si alimentan tus bocados, y la bulimia de otros labios.
Que hubo un tiempo, que lo hubo. Y respiraba, como quien respira en un campo de violetas y azucenas, y tenía alergia a las distancias que distanciaban tus lunares.
Y se mecía, en la espuma de las olas, y sus mares, no entendían de mareas. Y caminaba. Y por la arena, levantando con sus pasos oro y plata, y la brisa le lamía por su piel de porcelana. Y le hacían reverencias monarquías, continentes, bancos, selvas y praderas.
Eso que ahora es, un páramo.
Pero estás preciosa.
Porque hubo un tiempo.
Pero ahora.
Por si despiertas.
Por si olvidas.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
miércoles, 16 de mayo de 2012
"Con lo que hemos sido", Toma Tres
Atrasé el reloj hasta pasadas las siete, pero ya no era de noche.
No sé qué cojones se me pasó por la cabeza. Supongo que creía que así volvería a vivir ese momento. Es la manzana podrida del cesto de los momentos, aquel en el que te das cuenta de que ha pasado algo tan bueno que jamás volverá a pasar. Al menos, no de aquella forma. Podrías llevar otro peinado, lucir otra sonrisa, incluso estar con otro alguien. Eso le da un aspecto distinto. Te da un aspecto distinto. Una mierda de aspecto, probablemente.
Era una noche de manos. Una noche de manos soldado, que desafiaban las agujas del reloj. Y no les importaba un carajo los golpes de estado, las enfermedades autoinmunes, la lluvia ácida, los goles del partido.
De manos malabaristas, que danzaban por aquí y por allá, por espaldas, muslos, mejillas. Que brincaban burlándose de las sombras, y jugaban a ser dios y a diseñar universos bajo la ropa.
Despacio, me decía.
Más despacio, me pedía.
Despacio.
Y ahora estoy estancado en el fango.
No sé qué cojones se me pasó por la cabeza. Supongo que creía que así volvería a vivir ese momento. Es la manzana podrida del cesto de los momentos, aquel en el que te das cuenta de que ha pasado algo tan bueno que jamás volverá a pasar. Al menos, no de aquella forma. Podrías llevar otro peinado, lucir otra sonrisa, incluso estar con otro alguien. Eso le da un aspecto distinto. Te da un aspecto distinto. Una mierda de aspecto, probablemente.
Era una noche de manos. Una noche de manos soldado, que desafiaban las agujas del reloj. Y no les importaba un carajo los golpes de estado, las enfermedades autoinmunes, la lluvia ácida, los goles del partido.
De manos malabaristas, que danzaban por aquí y por allá, por espaldas, muslos, mejillas. Que brincaban burlándose de las sombras, y jugaban a ser dios y a diseñar universos bajo la ropa.
Despacio, me decía.
Más despacio, me pedía.
Despacio.
Y ahora estoy estancado en el fango.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
lunes, 7 de mayo de 2012
Subtitulado para el pueblo llano
Joven, maduro, responsable, impecable currículum vitae, humilde y educado. Atractivo, honrado, hacendoso, cumplidor. Casero, abstemio, elegante, trabajador, despreocupado de los incentivos...
Resolutivo, serio, pulcro, dinámico, servicial. Conformista, sumiso, desinteresado, leal a la patronal. Respetuoso, sencillo, modesto, formidable proyección de crecimiento, austero, católico y taurino...
Patriota, aplicado, fino, ahorrador, inmejorable perfil profesional. Cortés, comedido, familiar, monárquico y emprendedor. Universitario, tres máster, abundante experiencia laboral, perfecto manejo del inglés, francés, alemán y congoleño...
Sincero, puntual, comprometido, elevado bagaje cultural. Alto, delgado, sano, activo, deportista sin dopaje, limpio y aseado. Guapo, comprensivo, demócrata convencido, cercano, encantador, quinientos doce amigos en el facebook...
Así es como dicen que quieren que seamos.
Cuando en realidad nos quieren tontos, enfermos y desinformados.
Resolutivo, serio, pulcro, dinámico, servicial. Conformista, sumiso, desinteresado, leal a la patronal. Respetuoso, sencillo, modesto, formidable proyección de crecimiento, austero, católico y taurino...
Patriota, aplicado, fino, ahorrador, inmejorable perfil profesional. Cortés, comedido, familiar, monárquico y emprendedor. Universitario, tres máster, abundante experiencia laboral, perfecto manejo del inglés, francés, alemán y congoleño...
Sincero, puntual, comprometido, elevado bagaje cultural. Alto, delgado, sano, activo, deportista sin dopaje, limpio y aseado. Guapo, comprensivo, demócrata convencido, cercano, encantador, quinientos doce amigos en el facebook...
Así es como dicen que quieren que seamos.
Cuando en realidad nos quieren tontos, enfermos y desinformados.
Prescripciones:
Píldoras contra la ignorancia
jueves, 3 de mayo de 2012
Lo bello y lo bestia
Me refería a que, tal vez, mañana sea tarde
para enfrentarnos a ese cigarrillo.
El de después.
Después de que aprenda a querer sin follar,
a follar sin querer, y a diferenciar
entre lo bello y lo bestia.
Cuando me disfrace de lobo famélico y estepario
bañado por los fluidos corporales
de la puta de la luna.
Me refería a que, tal vez, elija ser indiscreto
señalando las coordenadas donde tus labios
tienen que enterrarme.
O escogiendo el cauce plateado
por donde deben discurrir
tus ríos de saliva.
Mira, sólo quería hacer pedazos el colchón
que aguanta los cimientos de la tierra
y la feroz rutina.
Sólo quería vaciarte el corazón
y desplumar tus alas
de tanto ruido.
Y en la cresta de la ola de tus olas, montar
una isla a la deriva,
y en tu coño, una trinchera.
Una vez más.
En este fuego cruzado.
En esta hoguera.
En este olvido.
para enfrentarnos a ese cigarrillo.
El de después.
Después de que aprenda a querer sin follar,
a follar sin querer, y a diferenciar
entre lo bello y lo bestia.
Cuando me disfrace de lobo famélico y estepario
bañado por los fluidos corporales
de la puta de la luna.
Me refería a que, tal vez, elija ser indiscreto
señalando las coordenadas donde tus labios
tienen que enterrarme.
O escogiendo el cauce plateado
por donde deben discurrir
tus ríos de saliva.
Mira, sólo quería hacer pedazos el colchón
que aguanta los cimientos de la tierra
y la feroz rutina.
Sólo quería vaciarte el corazón
y desplumar tus alas
de tanto ruido.
Y en la cresta de la ola de tus olas, montar
una isla a la deriva,
y en tu coño, una trinchera.
Una vez más.
En este fuego cruzado.
En esta hoguera.
En este olvido.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor,
Viagras gramaticales
lunes, 16 de abril de 2012
Querida hipotenusa:
Velocidad es igual a espacio partido tiempo, con lo que espacio es igual a velocidad por tiempo, por lo que te alejas a una velocidad directamente proporcional al tiempo que te encuentras a una distancia relativamente inalcanzable. Porque todo es relativo menos el movimiento rectilíneo de nuestros cuerpos debido a fuerzas gravitatorias ineludibles, que dibujan dos vectores linealmente independientes aunque magnéticamente atrayentes entre sí por esa bendita curiosidad de los polos opuestos. Y no te olvides del átomo donde descansan nuestros protones, en un cajón de la mesita de noche alejado de electrones negativos, que ya sabemos que ninguno de los dos fuimos nunca de neutrones. Era o frío o calor, con la termodinámica haciendo de las suyas bajo nuestro edredón, y la rutina huyendo por la tangente de los cero grados donde se congelaban nuestros sueños. Pero qué más da que el rozamiento que nos regalábamos sobre la superficie del planeta tendiera a infinito, qué más da el puto big bang de cada mañana al despertar, cuando ahora, en pleno siglo veintiuno, la ciencia se muere por matarse, tras comprobar, que tú más yo, ya nunca dará dos.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
viernes, 9 de marzo de 2012
Prototipo dieciocho
Después de dos horas cosiéndonos con la mirada me clavó el alfiler, se arremangó la sonrisa y le dio el último trago a su cerveza de importación, que ya estaría como el caldo de un cocido. Por lo menos en ese momento deseé que así fuera.
-¿Ya te vas?
-Sí, ¿qué pasa?
(Qué no pasa, más bien)
-Nada, que nos quedan cosas por decir.
(Y por hacer)
-Nos queda todo.
-Pues sí.
-Pero ya es muy tarde. ¿No crees?
(No)
-Supongo que para saber tu nombre aún no.
Diez segundos después los pétalos de su falda bailaron un swing y se marcharon por donde habían venido, como arrastrados por un vendaval de estrofas de Sabina.
¿Por qué tenía que llamarse así?
No me había dejado los latidos en la punta de la lengua, ni el entrecejo arrugado como un montón de ropa en la cesta de la ropa sucia.
Es verdad.
Aún no han inventado nada que conquiste mejor a un hombre que una buena mamada.
-¿Ya te vas?
-Sí, ¿qué pasa?
(Qué no pasa, más bien)
-Nada, que nos quedan cosas por decir.
(Y por hacer)
-Nos queda todo.
-Pues sí.
-Pero ya es muy tarde. ¿No crees?
(No)
-Supongo que para saber tu nombre aún no.
Diez segundos después los pétalos de su falda bailaron un swing y se marcharon por donde habían venido, como arrastrados por un vendaval de estrofas de Sabina.
¿Por qué tenía que llamarse así?
No me había dejado los latidos en la punta de la lengua, ni el entrecejo arrugado como un montón de ropa en la cesta de la ropa sucia.
Es verdad.
Aún no han inventado nada que conquiste mejor a un hombre que una buena mamada.
Prescripciones:
Tiritas de cobardías
viernes, 2 de marzo de 2012
Modus operandi
Y dime. En qué coño se parece esto a un corazón. En la forma no será, porque parece un estropajo sucio. En la textura tampoco, ya que cuando lo toco me da la impresión de que le estoy manoseando el culo a una vieja. Y en el olor menos, porque ahí dentro huele a mierda de hipopótamo en un cuarto sin ventanas. Así que dime. En qué coño se parece este trasto inútil y asqueroso a un corazón. En qué. Toma, cógelo y estrújalo como un pomelo y hazte un zumo. O juega con él a la pelota vasca, o píntale una carita sonriente, o yo qué cojones sé, pero no me digas que esto es un corazón. Y menos ahora, después de echar un polvo y acabar en el momento exacto en el que Matías Prats da paso a los deportes, y me estoy poniendo los gayumbos apoyado en la pared por el tembleque de mis piernas. Joder, ahora no. Ahora no me preguntes si te quiero o te dejo de querer, si ahí dentro late algo o chirrían a la vez mil bisagras oxidadas. Y no me cojas de la mano ni me digas que está bien, que no te importa qué vendrá tras el cigarrillo del después o del portazo a mis espaldas, porque tú te estás mintiendo y a mí me engañas, y es cuando parece que soy yo el que quiere echarse tres en uno en las arterias, y quién demonios sabe si es verdad.
En nada. Y claro que no. Esas son las respuestas.
Te espero en el váter jugando al tetris.
Hasta que te apetezca darte un baño.
En nada. Y claro que no. Esas son las respuestas.
Te espero en el váter jugando al tetris.
Hasta que te apetezca darte un baño.
Prescripciones:
Profilácticos usados,
Relatos para el insomnio
viernes, 24 de febrero de 2012
Marcapáginas
Los principios siempre cuestan.
Recuerdo cuando Tomás, el cuatro ojos del colegio, le dio un beso en la boca a la gigantona de Carlota en el pasillo.
Fue sin avisar. Se acercó por detrás, dando saltitos como un gorrión en la rama de un árbol, se puso de puntillas y aterrizó en sus labios ante la atónita mirada de la idiota de Patricia, que en aquellos tiempos tenía el culo del tamaño de un pupitre y una envidia que rozaba lo obsceno. Cuando vio que aquella gesta no había sido tan difícil, Tomás le metió la lengua a Carlota y jugueteó con la suya durante un par de segundos que interrumpieron la rotación del planeta.
Ella ni se inmutó. Ni siquiera dio un respingo.
Incluso había cerrado los ojos durante el breve trayecto.
Poco después, Carlota agarraba de la mano a aquel gorrión con gafas veinte centímetros más bajito que ella, y le llamaba “cariño” y “mi pajarito”. Y una noche, mientras los dos estaban desnudos en la cama, le confesó que llevaba esperando aquel beso desde cuarto de primaria.
Los principios, siempre cuestan. Los finales son sencillos, porque la mayoría de las veces no avisan. Son implacables.
Empezar de cero. Como si el cero fuera el origen de todo.
Qué frase más estúpida.
Recuerdo cuando Tomás, el cuatro ojos del colegio, le dio un beso en la boca a la gigantona de Carlota en el pasillo.
Fue sin avisar. Se acercó por detrás, dando saltitos como un gorrión en la rama de un árbol, se puso de puntillas y aterrizó en sus labios ante la atónita mirada de la idiota de Patricia, que en aquellos tiempos tenía el culo del tamaño de un pupitre y una envidia que rozaba lo obsceno. Cuando vio que aquella gesta no había sido tan difícil, Tomás le metió la lengua a Carlota y jugueteó con la suya durante un par de segundos que interrumpieron la rotación del planeta.
Ella ni se inmutó. Ni siquiera dio un respingo.
Incluso había cerrado los ojos durante el breve trayecto.
Poco después, Carlota agarraba de la mano a aquel gorrión con gafas veinte centímetros más bajito que ella, y le llamaba “cariño” y “mi pajarito”. Y una noche, mientras los dos estaban desnudos en la cama, le confesó que llevaba esperando aquel beso desde cuarto de primaria.
Los principios, siempre cuestan. Los finales son sencillos, porque la mayoría de las veces no avisan. Son implacables.
Empezar de cero. Como si el cero fuera el origen de todo.
Qué frase más estúpida.
Prescripciones:
Relatos para el insomnio
martes, 21 de febrero de 2012
30 de noviembre
Ayer, en algún rincón del mundo, alguien se tiró desde un balcón mientras silbaba un blues.
Un padre de familia vaciaba dos botellas de whisky en un bar mientras su hijo jugaba el partido más importante del año.
Una mujer daba a luz en una habitación a oscuras sin asistencia médica.
Alguien dijo te quiero por primera vez.
Una bala atravesó un corazón.
Un director casado de una importante empresa recibió una mamada por parte de su secretaria.
Un perro fue apaleado por su dueño hasta que le partió las costillas por haberse meado en el asiento del coche.
Un gusano merendó en el cadáver de un niño que murió de inanición.
Ayer, una lágrima empapó los labios de una madre soltera que encontró trabajo.
Se dieron la mano dos personas que planean un atentado terrorista.
Subió la temperatura media del planeta.
Se cerró un quiosco.
Se abrió un banco.
Se encontró un nuevo avance en la vacuna contra el cáncer.
Y se escribió la última palabra del próximo best seller mundial.
Pero ayer acabó, y hoy ha amanecido.
Porque siempre amanece.
Porque todo pasa.
Hasta los días sin ti.
Un padre de familia vaciaba dos botellas de whisky en un bar mientras su hijo jugaba el partido más importante del año.
Una mujer daba a luz en una habitación a oscuras sin asistencia médica.
Alguien dijo te quiero por primera vez.
Una bala atravesó un corazón.
Un director casado de una importante empresa recibió una mamada por parte de su secretaria.
Un perro fue apaleado por su dueño hasta que le partió las costillas por haberse meado en el asiento del coche.
Un gusano merendó en el cadáver de un niño que murió de inanición.
Ayer, una lágrima empapó los labios de una madre soltera que encontró trabajo.
Se dieron la mano dos personas que planean un atentado terrorista.
Subió la temperatura media del planeta.
Se cerró un quiosco.
Se abrió un banco.
Se encontró un nuevo avance en la vacuna contra el cáncer.
Y se escribió la última palabra del próximo best seller mundial.
Pero ayer acabó, y hoy ha amanecido.
Porque siempre amanece.
Porque todo pasa.
Hasta los días sin ti.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
miércoles, 8 de febrero de 2012
VLG1207
Estaba en el asiento de mi izquierda hecha un ovillo con el pelo recogido y de sus cascos, brotaba una de Pink Floyd. Entonces las luces del techo se apagaron y me dejaron en la más solita soledad, con el brillo de sus dientes y del sol, que echaba un polvo con las nubes de algodón de azúcar. Pedí un agüita mineral con la boca llena de arena y un ejército de tics nerviosos de cintura para abajo cuando el how i wish despegó entre pentagramas, y se apoyó en el reposabrazos.
Se deshizo la coleta.
Y las luces se volvieron a encender y exhibió su cara de cachorro de león, pero se enroscaba como un gato en una pierna y hasta se le escapaba algún que otro ronroneo. La atrapé una mano con una mía, y por un segundo fusionamos temperaturas corporales. "¿Vamos al lavabo?", y abrí las fauces esperando, que la cachorra de león fuera leona adulta y me cazara, entre las praderas de las nubes.
Se rehízo la coleta.
Y las salidas de emergencia se oxidaron, cuando sus labios, silbaron un you were here.
Se deshizo la coleta.
Y las luces se volvieron a encender y exhibió su cara de cachorro de león, pero se enroscaba como un gato en una pierna y hasta se le escapaba algún que otro ronroneo. La atrapé una mano con una mía, y por un segundo fusionamos temperaturas corporales. "¿Vamos al lavabo?", y abrí las fauces esperando, que la cachorra de león fuera leona adulta y me cazara, entre las praderas de las nubes.
Se rehízo la coleta.
Y las salidas de emergencia se oxidaron, cuando sus labios, silbaron un you were here.
Prescripciones:
Relatos para el insomnio
domingo, 5 de febrero de 2012
"Con lo que hemos sido", Toma Dos
El café de por la tarde era sagrado, incluso más que desearnos las buenas noches. Un par de tazas humeantes entre los dos significaba que todo estaba en perfectas condiciones, en su sitio, con ese orden tan desordenado e inquebrantable que nos oxigenaba. Cogíamos las cucharas y brindábamos con ellas como si fueran copas de champán, conocedores de la importancia de aquella fascinante ceremonia. Después guardábamos un minuto de silencio por cada trago, para evitar que nuestros paladares montaran en cólera por no mostrar cortesía. Y por último nos guiñábamos un ojo y nos mordíamos el labio inferior para demostrarnos que aquellas tazas de café, que aquella diminuta porción de tiempo, era lo que más merecía la pena de toda la historia de la humanidad.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
Suscribirse a:
Entradas (Atom)