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domingo, 8 de marzo de 2020

Queda pollo en la nevera

...y las alas del colibrí dibujaron un infinito, con el sol asomándose al balcón del horizonte
tan lienzo, tan espléndido, tan cálido, como amarse
en pleno invierno.
Y sucedió tu tacto, y ocurrió tu brisa, y, oh,
esos ojos que derriten glaciares, esa lengua
tan vacuna de coronavirus.
Y brotó tu verbo como un géiser de espadas,
y tú, tan pretérito pluscuamperfecto de mentira,
te clavaste en mis alas.
Pero, oh, no hay nada más
sólido, cósmico, hiperbólico, meteórico, demoledor, mayestático y rotundo
como los nuevos rayos de sol
en pleno invierno.

lunes, 16 de marzo de 2015

Mañana será otra vida


-¿Estás jugando conmigo? -maulló Gata-.
-Claro que sí, eres mi juego favorito -ladró Perro-.
-No pretenderás que me tome eso como un cumplido.
-Lo es si añado que contigo sólo juego para ganar, mi preciosa felina.

A Perro se le aflojaban la mandíbula y el esfínter cada vez que Gata le ronroneaba.

-No soy ningún trofeo.
-¿Cómo que no? Eres el premio a toda una vida olfateando culos. Tantos rastros ahí fuera y no hay ninguno que no acabe en tu bonito trasero.
-Eres increíblemente asqueroso.
-Y tú increíblemente increíble.
-Qué tonto eres.

Gata arrugó el hocico y negó con la cabeza sin ser consciente de que también se le erizaba todo el vello corporal y sus carrillos se encendían lentamente. Levantó una de sus diminutas zarpas y acarició con suavidad los bigotes de Perro, que notó cierto bulto empezar a crecer entre sus patas.

Habían pasado un millón de años de aquel último “qué tonto eres”, y desde entonces cualquier ladrido desesperado se había convertido en rabia sin dientes. Perro se sentía como un viejo inútil masticando tiernos y jugosos cachitos de pera.

En ese tiempo fue capaz de redefinir su concepto del bien y del mal. Bien, cualquier cosa que removiera todas sus moléculas. Mal, cualquier cosa que no lo hiciera. Y probó a fundirse con otras pieles, y a despellejarse con ellas, y a derramar cada maldita gota de sudor y de saliva en ellas, y a ser un perfecto y educado hijo de la gran perra.

Qué tonto eres.

Gata le había enseñado a ser salvaje.
Perro no aprendía a lamerse las heridas.

domingo, 18 de enero de 2015

Mientras tanto en West Point


Callo más de lo que digo porque la mayor parte del tiempo estoy estrujándome los labios para no pensarte. 

Y esta carne se deshace en abono fertilizando el páramo donde alzó el vuelo la más hermosa de las golondrinas, y vuelve cada invierno el ave fénix.

El último rincón del fin del mundo.

Un cajón de arena donde jugar.

A ser oasis.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Modus vivendi

Nunca la mens sana acompaña a un corpore sano
cuando se trata de huir hacia delante.

Hasta que levanten las calles
que no te vieron bailar
por sus aceras.

O hasta que Otis Redding silbe
un jodido réquiem
por tu recuerdo.

Que el ojalá es sólo un disimulo,
la memoria una hipoteca
y el standby
un bypass en las arterias.

Que ya no hay héroes ni villanos en la guerra.
Que una retirada a tiempo siempre fue
una derrota.

Que no se trata de ganar o de perder
si apostamos a mañana,
cuando hoy
aún no ha amanecido.

Que ya no tiene peor remedio la enfermedad.
Que todo son recibos de la luz
en la penumbra.

Que todo son por qués en la tormenta.
Y en la calma
no hay ruegos ni preguntas.

No merece la pena.

Porque todo gira alrededor del sol
menos tus huellas.

Y cuando toda la actividad del mundo se concentra en
pasar página,
el esfuerzo se descompone en el último
punto suspensivo.

viernes, 2 de marzo de 2012

Modus operandi

Y dime. En qué coño se parece esto a un corazón. En la forma no será, porque parece un estropajo sucio. En la textura tampoco, ya que cuando lo toco me da la impresión de que le estoy manoseando el culo a una vieja. Y en el olor menos, porque ahí dentro huele a mierda de hipopótamo en un cuarto sin ventanas. Así que dime. En qué coño se parece este trasto inútil y asqueroso a un corazón. En qué. Toma, cógelo y estrújalo como un pomelo y hazte un zumo. O juega con él a la pelota vasca, o píntale una carita sonriente, o yo qué cojones sé, pero no me digas que esto es un corazón. Y menos ahora, después de echar un polvo y acabar en el momento exacto en el que Matías Prats da paso a los deportes, y me estoy poniendo los gayumbos apoyado en la pared por el tembleque de mis piernas. Joder, ahora no. Ahora no me preguntes si te quiero o te dejo de querer, si ahí dentro late algo o chirrían a la vez mil bisagras oxidadas. Y no me cojas de la mano ni me digas que está bien, que no te importa qué vendrá tras el cigarrillo del después o del portazo a mis espaldas, porque tú te estás mintiendo y a mí me engañas, y es cuando parece que soy yo el que quiere echarse tres en uno en las arterias, y quién demonios sabe si es verdad.

En nada. Y claro que no. Esas son las respuestas.
Te espero en el váter jugando al tetris.
Hasta que te apetezca darte un baño.

martes, 14 de diciembre de 2010

Sinsentidos


Vista: Las manchas petroleras, las balas que atraviesan fronteras, las ojeras del desvelo en soledad, los moratones de idilios desgraciados, las cifras en las libretas a fin de mes, las cabezas disecadas que constituyen decorados, las lágrimas que brotan en los epílogos, los estrechamientos de manos en residencias oficiales, el color de las vitrinas de un corazón herido, las espaldas que se alejan en las despedidas.

Gusto: Por la acidez de las mentiras, por la amargura de la nostalgia, por la desazón de la esperanza perdida, por los agrios roces de labios del adiós, por las frutas prohibidas del adulterio, por el picante de los recuerdos de dos rombos, por el salitre de las playas adoquinadas, por las mañanas edulcoradas con desamparo, por el deje de las historias caducadas.

Oído: “Tenemos que hablar”, “Puedo conducir prefectamente”, “Firme aquí y ya estará todo solucionado” , “Creo que me estoy enamorando de otro”, “Es lo mejor para el país”, “Te prometo que no lo haré nunca más”, “Follas mejor que nadie”, “Me duele la cabeza”, “Todo va a salir bien”, “Yo os declaro marido y mujer”.

Tacto: El que falta en los despachos, el que sobra en la demagogia, el que acompaña a un empacho de besos, el que se disfraza de eufemismo del magreo, el que se cobran los dedos del afecto, el que permite sobrevivir al flirteo, el que busca la aspereza en las palabras, el que encuentra la prudencia en las palabras, el que precisa el orgullo para bajarse los pantalones.

Olfato: Las flores marchitas del arrepentimiento, la hipocresía respirada en los parlamentos, la transpiración que nace del sacrificio, las sospechas que levantan los cheques en blanco, el resquicio de las puertas del desengaño, la brecha ensangrentada entre los mundos, las tostadas quemadas del desayuno en un dormitorio, los cuellos que causan extrema dependencia, la ausencia de tu ropa en mi ropero.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Viejo reloj de arena...

Naufrago entre dos aguas,
dos turbios extremos de pureza doctrinal,
que engullen todo cuanto tocan.
Naufrago alejado del punto medio,
y sin embargo, tan lejos y tan cerca,
del horizonte que me rodea...

Una voz hueca me invita a su orilla,
donde mueren de frío los ignorantes,
donde el mañana nunca importa.
Una voz áspera me aleja de ella,
donde yace la ardiente consciencia,
del viejo reloj de arena.

Y sin embargo, grano a grano
fabrico mis propias coartadas,
un oasis de hielo entre dos aguas.

Dos extremos de utópica belleza,
que rehúyen del sol y las estrellas, y
meciendo con su oleaje los planetas,
se hinchan de luz y de tristeza.
Ya fluye el agua por mis venas,
y me ahoga la puta incertidumbre.

Es, tan dulce esta sensación,
y sin embargo,
tan amargo el resultado...
Tengo, tan abrasada la cabeza,
y sin embargo,
tan helado el corazón...

sábado, 12 de julio de 2008

Tormento

Ya me lo han dicho en bastantes ocasiones (la última hace escasas horas) y sigo sin hacer caso. Me he equivocado de profesión, sentencian. Yo permanezco impertérrito, por lo menos aún. Pero cuando uno tiene tiempo para reflexionar en estado de relajación, tumbado en la cama vamos, comienzan las llamadas “voces del tormento”, algo así como una batería de cavilaciones nada alentadoras. No hay más que ver que todas las chicas de OT cuyas voces no dan ni para formar parte del infame Al pie de la letra, ya se han despojado de sus ropas en Interviú y se han embolsado un buen taco para sus vacaciones veraniegas.

Esto no es algo nuevo, pero las voces del tormento son cada vez más graves y lúgubres. Y es que ya se apuntan a la sesión fotográfico-lasciva las de Gran Hermano, las políticas, las cantantes, las árbitros de fútbol, las nadadoras profesionales, las vedettes de los 70, las modelos fracasadas, las modelos de millonettis, las militares, las actrices deplorables… una infinidad ya saben cuál es el valor de sus carnes, y no es precisamente un módico precio.

Pero posar en las revistas tal y como vinimos al mundo necesita que los demás, pobres corderos degollados esclavos de la lujuria, compren esas publicaciones. Aunque bueno, potencialmente están adquiriendo una prueba fehaciente de que el Photoshop funciona, con errores catastróficos en la mayoría de los casos y justificando que aunque a muchas monas las vistan de seda, gorilas se quedan. ¿Será un error el ser periodista? ¿Es más fácil someterse en pelotas a la tiranía de la opinión pública para sacarse los cuartos? ¿Y agacharse debajo de la mesa del jefe?

No sé las respuestas a las preguntas del tormento, pero las voces angustian más que aquellos agoreros de los que hablaba al principio. De hecho, yo ya me estoy planteando ponerme pechos, quitarme el miembro y saltar a la palestra del casposeo de los 2 rombos.