Ella dice que ;) y que unos labios rosas y yo cosecho labios en código binario, labios en puntos suspensi... que puedo colocar en cualquier parte, aquí por ejemplo, en la cuarta vértebra cervical, donde nunca nadie me ha besado. Y se produce un es-ca-lo-frío en los aproximadamente 17.500 centímetros cuadrados de mi epidermis que me arrojan sin comida ni agua a un laberinto de sensaciones. Ahora busca la salida, pronuncian esos labios cuando llega el recreo, y encuentra las siete diferencias entre este lunar que me acaricia el ombligo y el que tengo medio palmo más abajo. Su mirada de glaciar es una ilusión óptica, en realidad sus pupilas brillan sobre un océano de pequeñas llamaradas, repartidas en anarquía como alocadas piezas de un puzzle turquesa. El colchón se convierte de pronto en un campo de minas y todas serán detonadas con la precisión de un experto artificiero. En el suelo hay un tablero de ajedrez imaginario donde la reina se enroca con el peón, pasándose el soberano protocolo por debajo de las enaguas. Las onomatopeyas y los gemidos resultantes se condensan en una sopa de letras con aspiraciones de convertirse en orquesta sinfónica, mientras un baile de arañazos y huellas dactilares se dispersan en el sudoku de nuestras anatomías. En su espalda de melocotón puede sentirse el eco de sus latidos, cuyo ímpetu desbocado resuelve la última solución horizontal de nuestro crucigrama.
"¿Seguimos jugando?" -se escucha.
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viernes, 30 de marzo de 2018
jueves, 13 de junio de 2013
El origen del caos...
Todo empieza con la huella de tus labios, al borde de un precipicio. La firma escarlata de un contrato en una copa, al margen de la ley y de la ética. Una invitación a luchar contra las normas y acatar, la dictadura de tus dedos. Y son ellos los que acaban con el orden, los delirios de grandeza, la educación, las barricadas. Y son ellos los que ponen la cordura en un mundo enloquecido, y roto en mil razones.
Todo empieza con tu ropa volando por los aires, y mi ropa, reptando por el suelo. Tú piensas en lo pequeño que es el mundo, y yo, en el eclipse de tu ombligo. Las paredes nos refugian de las balas de ahí fuera, pero la guerra, se libra entre nosotros. Tú decides que el primero de tus roces sea frágil. Yo prefiero que me faltes al respeto.
Y me robas un bocado. La mitad de los motivos ya se han muerto en nuestra orilla, y los demás, matarían por largarse. Ya no existe ni el pasado ni el presente, sólo un trozo de horizonte en tu regazo. Todo empieza en el momento en que tu espalda, se convierte en mi tejado.
Y follamos. Como si el tiempo fuera inútil, y lo único valioso fueran tus gemidos. Las sombras bailan minués alrededor de nuestra hoguera, y a los latidos, se la sudan la tensión y las arritmias. Enrocamos posiciones y devoro, cada una de tus fichas del tablero. Todo lo que antes eran inquietudes y deberes, empiezan a pensar en que tus ojos, son sus únicos derechos.
Porque todo empieza, simplemente, cuando tú acabas...
Prescripciones:
Viagras gramaticales
jueves, 3 de mayo de 2012
Lo bello y lo bestia
Me refería a que, tal vez, mañana sea tarde
para enfrentarnos a ese cigarrillo.
El de después.
Después de que aprenda a querer sin follar,
a follar sin querer, y a diferenciar
entre lo bello y lo bestia.
Cuando me disfrace de lobo famélico y estepario
bañado por los fluidos corporales
de la puta de la luna.
Me refería a que, tal vez, elija ser indiscreto
señalando las coordenadas donde tus labios
tienen que enterrarme.
O escogiendo el cauce plateado
por donde deben discurrir
tus ríos de saliva.
Mira, sólo quería hacer pedazos el colchón
que aguanta los cimientos de la tierra
y la feroz rutina.
Sólo quería vaciarte el corazón
y desplumar tus alas
de tanto ruido.
Y en la cresta de la ola de tus olas, montar
una isla a la deriva,
y en tu coño, una trinchera.
Una vez más.
En este fuego cruzado.
En esta hoguera.
En este olvido.
para enfrentarnos a ese cigarrillo.
El de después.
Después de que aprenda a querer sin follar,
a follar sin querer, y a diferenciar
entre lo bello y lo bestia.
Cuando me disfrace de lobo famélico y estepario
bañado por los fluidos corporales
de la puta de la luna.
Me refería a que, tal vez, elija ser indiscreto
señalando las coordenadas donde tus labios
tienen que enterrarme.
O escogiendo el cauce plateado
por donde deben discurrir
tus ríos de saliva.
Mira, sólo quería hacer pedazos el colchón
que aguanta los cimientos de la tierra
y la feroz rutina.
Sólo quería vaciarte el corazón
y desplumar tus alas
de tanto ruido.
Y en la cresta de la ola de tus olas, montar
una isla a la deriva,
y en tu coño, una trinchera.
Una vez más.
En este fuego cruzado.
En esta hoguera.
En este olvido.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor,
Viagras gramaticales
miércoles, 18 de enero de 2012
De cómo Yin conoció a Yang
"¿Qué te pasa, que no quieres follarme esta noche?", amenazó María de las Mercedes con las bragas en la mano. "¿Que qué me pasa? Fóllame tú que yo ya estoy hasta los huevos de ser el que lleva el timón". Porque follar es lo que tiene, es un verbo de una sola dirección y dos sentidos. El que folla es el que manda, y al que se follan es el gobernado, el sometido, el arrastrado hacia el perverso cosmos depravado del que folla. Pero María de las Mercedes era muy señorita en los juegos de colchón, con su cama oliendo a azucenas y un solo suspiro de gusto en toda la aventura, al final, cuando el que folla ya tiene los dedos en carne viva de manosearla y la lengua como la bota de un cowboy. Hay un tipo que pregona por el barrio que consiguió que aquella dama se le subiera encima y comenzara a rugir como un tigre de Bengala, pero no apostaría ni un mísero pelo de mi barba a que eso fuera cierto. Mira que engañaba la condenada, la primera vez que la recuerdo (vestida) fue en un bar del Barrio Gótico en penumbras, aunque la muy cachonda se había puesto pegatinas con luces parpadeantes por aquellas tetas de sandía, iluminando a fogonazos su contorno y reflejándolo en las paredes. Aquella noche hubo once desmayos y un infarto en aquel bar, hasta que una servilleta con forma de avioncito aterrizó en mi mesa solitaria con un mapa, una equis, y un "hasta dentro de una hora".
"¿Es que ya no te pongo, o qué?", se atrevió. "Pues nada, pues nos vamos a dormir", resopló, con todo su descaro. Y fue y se puso las bragas con un brinco de trapecista ocultando aquel coño tan esnob y sibarita, y media hora después cerré la boca y apagué el cerebro, por si se me acababa la batería.
"¿Es que ya no te pongo, o qué?", se atrevió. "Pues nada, pues nos vamos a dormir", resopló, con todo su descaro. Y fue y se puso las bragas con un brinco de trapecista ocultando aquel coño tan esnob y sibarita, y media hora después cerré la boca y apagué el cerebro, por si se me acababa la batería.
Prescripciones:
Relatos para el insomnio,
Viagras gramaticales
lunes, 17 de octubre de 2011
Última corrida
A Roberto Cañas del Val le temblaban las piernas como si acabara de recorrerse en bicicleta media Barcelona. Frente a la Monumental, rodeado de una tormenta de vítores y abucheos, miraba sin ver hacia la Gran Vía pánfilo perdido y bañado en sudor. Quién se lo iba a decir media hora antes, cuando Rosa María Gómez de Castro le brindaba su magnífica vagina en los baños de la plaza de toros, con cara de no haber follado como dios manda en los últimos cinco años de su vida. Él la invitó a la última corrida en la Ciudad Condal, y ella le invitó a la última corrida entre ambos. Al unísono, como una conjunción perfecta de viento y percusión en una orquesta, entre gruñidos de puretas desesperados por retener su sangrienta tradición y los brindis de champán de una pandilla de activistas eufóricos. Cuando saltaron los banderilleros a la arena, la mano de su ex mujer aterrizó en su pescuezo y su voz le lamió el lóbulo de una oreja en llamas: "Me debes un orgasmo, semental". Y encerrados en el baño la azotó, la tiró del pelo, la llamó zorra, la gritó puta y guarra, y cuando explotaban de placer él disparó un "quiero volver a casarme contigo..." mientras ella le anunciaba un "...estoy embarazada de tu hermano".
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Viagras gramaticales
viernes, 1 de julio de 2011
Jornada intensiva...
Sacas del bolsillo una llave reluciente y la introduces en el ojo de cerradura, que guiña un “bienvenidos a vuestro reino”. Una monarquía gobernada sin coronas, o una república legislada por tu cetro, qué más da, el caso es que es nuestro. Pero todo reino necesita de sudor, trabajo y sacrificio para sacarlo adelante…
Primero, y más importante, el ambiente laboral. Un suelo de barniz sobre madera, un colchón en un rincón, una pequeña chimenea. Una vela iluminada, una bañera, un vino peleón. Unas botellas de tequila, un balcón con vistas a una cala en Barcelona, un reloj. Ah, y una nevera llena, que no falte. Con un abanico de post-it donde publicar nuestras tareas.
Lunes, entrevista personal. Tú me exiges un currículum vitae con foto y todo, yo te obligo a que desnudes tus caderas. Tú me pides carta de presentación orientativa, y yo me presento en el valle de tus piernas. Tú me ofreces para el puesto un cheque en blanco, y yo firmo tus contratos con saliva en vez de tinta.
Martes, al tajo, jornada intensiva. Ocho horas sucesivas diseñando la estrategia empresarial. La alarma protesta a las siete, y a las siete y tres ya estamos listos con el mono de trabajo. O más bien, sin él. Un desayuno en la bañera, un tentempié en el balcón, y un ejército de medios disponibles nos rodea.
Miércoles, reunión en horizontal entre jefa y empleado. Un “te espero en mi despacho” y dos “esto aún no se ha acabado”. Dibujas en un post-it una oferta irrechazable, y me arrojas con violencia, y con abuso de poder, todas tus cláusulas secretas. Un ratito después cerramos, enroscados, el acuerdo comercial más productivo de la historia del planeta.
Un día más, y me subes el sueldo. Llega el jueves, y se dispara el valor de tus acciones. Tú me asciendes de becario a presidente, y yo te dejo que me trepes. Revienta el corcho de los vinos, los fondos del colchón se multiplican, y las crisis sólo existen cuando no invierto en tus bocados. Yo te monto, y tú me montas, en el dólar de las sábanas revueltas.
Pero el viernes, el sistema financiero se desploma. Abdican manos en espaldas, estallan guerras de gemidos, nacen paraísos fiscales por la almohada. Renuncia el valor de las palabras, suben los impuestos de la ropa. Tú me mandas un estudio de mercado, y yo estudio cada uno de los rincones de tu cuerpo. El valor de la moneda cae en picado, y el recambio dominante son tus huellas dactilares. Y en pleno revolcón de negocio, convocan huelga para el sábado. Sindicatos de los muelles ponen gritos en el cielo, y desde la patronal que lideramos gritamos aún más fuerte. Se desmorona el porcentaje de hipotecas, cuando mi única morada está en tu ombligo. Quiebra la banca, dimiten órganos, y la oferta y la demanda se disuelven con tequila en nuestros labios.
Con la empresa en números rojos, arrojamos a la hoguera el contrato vitalicio, y cerramos de un portazo nuestro reino. Nunca un par de decenas de metros cuadrados estuvieron tan bien gobernados.
Y el domingo…
…el domingo sacas del bolsillo una llave reluciente…
Prescripciones:
Viagras gramaticales
domingo, 30 de enero de 2011
Infidelidad S.A.
“Escuchen atentos, ciudadanos. Una nueva empresa llegó al mercado. Con atractiva oferta que les mantendrá ocupados. Confort y vicio garantizados, en un mismo pack acordonado. Y remordimientos por separado. Sin agobios pasajeros ni interés acumulado. Acérquense y escuchen, que les seguiré contando.
Vendemos conformismo al peso graduado. Al gramo de hastío con costo de regalo, con besos desnatados. Al kilo de celos cada noche desnudados. Al tonelaje soportado por los hombros cuando se agarran de la mano.
Ofrecemos suave tacto a tanguitas empapados, a calzoncillo desgastado. El aroma dulce y excitante del sexo acartonado. El sabor a intriga de un café bien acompañado, por el vecino con tableta o la niña calientabraguetas.
Invitamos a la rutina a suicidarse, a follar con el pecado. Brindamos cóctel de frenesí desenfrenado. Premiamos con cicuta al amor desencantado. Iluminamos una ruta alternativa a su novio amaestrado. Alquilamos la más puta del garito si nos pagan al contado.
Prometemos un servicio sigiloso y educado. Huirán del altercado sus parejas si el trabajo está tapado. Trataremos además con sus amigos, que permanezcan callados. Y después de la omisión, un copioso disimulo envasado al vacío.
No se marchen, que ya acabo…
El arrepentimiento forma parte del pasado. A diez metros bajo tierra lo dejaremos sepultado. Y con él, el último resquicio de aprensión a sus parejas. Quizás con nuestro cometido, un nuevo afecto haya nacido.
Firmen aquí y estará todo preparado. El que ose simplemente agarrar la pluma, es que ya ha sido incitado. ¿Dejarán la tentación de lado?”
Infidelidad S.A.
Prescripciones:
Analgésicos de amplio espectro,
Viagras gramaticales
lunes, 17 de enero de 2011
Chequeo general
Toc toc...
- Pase y desnúdese.
- Pero, señor doctor, lo que me duele es la garganta.
- No se preocupe, es un simple reconocimiento de optimización pulmonar. Saque la lengua y diga “Aaaahhh”
- “Aaahhh”... ¿es grave, doctor?
- Eso es más bien un gemido sexual.
- ¿Disculpe?
- No, que noto que algo va mal. Necesita usted medicación, antibióticos.
- Oh, cielos.
- Y necesita usted guardar cama.
- Ah, ¿sí? Es que me siento sola en mi cama, doctor. Hace frío.
- Bueno, seguro que dispone usted de elementos materiales que le den calor y que sean más o menos del mismo valor. No sé, una bolsa de agua caliente, un peluche...
- Supongo que con una bolsa de agua caliente bastará. En fin, ¿alguna recomendación más?
- Sí. Tápese, que me está provocando.
- Disculpe, señor, no era mi intención. Creo que me ha mirado usted con malos ojos.
- Señorita, que soy un profesional.
- Y yo también. 150 el completo.
- Pase y desnúdese.
- Pero, señor doctor, lo que me duele es la garganta.
- No se preocupe, es un simple reconocimiento de optimización pulmonar. Saque la lengua y diga “Aaaahhh”
- “Aaahhh”... ¿es grave, doctor?
- Eso es más bien un gemido sexual.
- ¿Disculpe?
- No, que noto que algo va mal. Necesita usted medicación, antibióticos.
- Oh, cielos.
- Y necesita usted guardar cama.
- Ah, ¿sí? Es que me siento sola en mi cama, doctor. Hace frío.
- Bueno, seguro que dispone usted de elementos materiales que le den calor y que sean más o menos del mismo valor. No sé, una bolsa de agua caliente, un peluche...
- Supongo que con una bolsa de agua caliente bastará. En fin, ¿alguna recomendación más?
- Sí. Tápese, que me está provocando.
- Disculpe, señor, no era mi intención. Creo que me ha mirado usted con malos ojos.
- Señorita, que soy un profesional.
- Y yo también. 150 el completo.
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miércoles, 1 de diciembre de 2010
Preposiciones indecentes
A pelo.
Ante las dudas.
Bajo tu anatomía.
Por ahí no cabe.
Con groserías.
Contra la pared.
De una noche.
Desde el cariño.
Durante el periodo.
En plena embriaguez.
Entre los confines del coche.
Mirando hacia Cuenca.
Hasta el amanecer.
Mediante pastillas azules.
Para enterrar reproches.
Por adulterio.
Según los precios.
Sin florituras.
So…lamente contigo.
Sobre tu anatomía.
Tras las dudas.
Ante las dudas.
Bajo tu anatomía.
Por ahí no cabe.
Con groserías.
Contra la pared.
De una noche.
Desde el cariño.
Durante el periodo.
En plena embriaguez.
Entre los confines del coche.
Mirando hacia Cuenca.
Hasta el amanecer.
Mediante pastillas azules.
Para enterrar reproches.
Por adulterio.
Según los precios.
Sin florituras.
So…lamente contigo.
Sobre tu anatomía.
Tras las dudas.
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viernes, 16 de abril de 2010
Terapia de seducción
Quizás fuera que las cartas del tarot
se guardaban corazones en la manga.
Quizás fuera mi disfraz de seductor
con pase vip bajo su falda.
El caso es que, tras un trago,
me acerqué con el latido desbocado.
“Qué extraño es todo esto, preciosa,
tú tan sola, y yo tan poco acompañado”, la susurré al oído.
Y, sin más conejos en la chistera,
esperé las calificaciones
de vulgar aprendiz de mago.
El caso es que, si no me hubiera sonreído,
yo, quizás, no hubiera cogido el testigo
de seguir sus pisadas por la acera.
“Vamos deja que te lleve, querido”,
dijo montándome en su Harley.
“Cómo resistirme, muñeca”, si acabamos
probando los muelles de la cama
en un motel de carretera.
Tres ratos y un cigarro del después, nos enroscamos
desnudos entre las sábanas.
Y en las cábalas del amanecer, me desperté
con su pintalabios en la almohada.
El caso es que, si en la toalla de lavabo
no hubiera apuntado su teléfono,
volvería a la cicuta de los bares,
y si la he visto, no me acuerdo.
Aquella noche, volvió con falda,
Melena al aire y aires de musa.
Volví a caer por capricho de domar
el salvaje escote de su blusa.
Entramos como un huracán
en un mesón, comiéndonos a besos,
cuando el maître del local
vio el percal y arregló mesa para dos.
Tres botellas de champán francés
despertaron de nuevo los gemidos
en nuestro nido del amor.
El caso es que, con ganas de abrazarla,
abandoné el furor de enamorarme,
sabiendo que con las medias naranjas
se hacen zumos en los bares:
la dejé en los brazos de Morfeo,
cogí la ropa y emprendí el vuelo.
“Doctor, me estaba atrapando en sus redes
comprenda mi automedicación”.
“Comprendo caballero. Continúe cada noche
con su terapia de seducción”.
Para los ligues que no ven la luz del Sol...
se guardaban corazones en la manga.
Quizás fuera mi disfraz de seductor
con pase vip bajo su falda.
El caso es que, tras un trago,
me acerqué con el latido desbocado.
“Qué extraño es todo esto, preciosa,
tú tan sola, y yo tan poco acompañado”, la susurré al oído.
Y, sin más conejos en la chistera,
esperé las calificaciones
de vulgar aprendiz de mago.
El caso es que, si no me hubiera sonreído,
yo, quizás, no hubiera cogido el testigo
de seguir sus pisadas por la acera.
“Vamos deja que te lleve, querido”,
dijo montándome en su Harley.
“Cómo resistirme, muñeca”, si acabamos
probando los muelles de la cama
en un motel de carretera.
Tres ratos y un cigarro del después, nos enroscamos
desnudos entre las sábanas.
Y en las cábalas del amanecer, me desperté
con su pintalabios en la almohada.
El caso es que, si en la toalla de lavabo
no hubiera apuntado su teléfono,
volvería a la cicuta de los bares,
y si la he visto, no me acuerdo.
Aquella noche, volvió con falda,
Melena al aire y aires de musa.
Volví a caer por capricho de domar
el salvaje escote de su blusa.
Entramos como un huracán
en un mesón, comiéndonos a besos,
cuando el maître del local
vio el percal y arregló mesa para dos.
Tres botellas de champán francés
despertaron de nuevo los gemidos
en nuestro nido del amor.
El caso es que, con ganas de abrazarla,
abandoné el furor de enamorarme,
sabiendo que con las medias naranjas
se hacen zumos en los bares:
la dejé en los brazos de Morfeo,
cogí la ropa y emprendí el vuelo.
“Doctor, me estaba atrapando en sus redes
comprenda mi automedicación”.
“Comprendo caballero. Continúe cada noche
con su terapia de seducción”.
Para los ligues que no ven la luz del Sol...
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jueves, 17 de diciembre de 2009
Apuesto el resto
“Apuesto el resto”, dijo ella mientras apuraba su último cigarrillo, “y esta noche, querido, mis cartas serán tu perdición”.
Y allí estaba yo, enfrente suya, acordándome de aquel viejo trilero que me regaló mi primera baraja de naipes. “Los diamantes inspiran poder y confianza, pero todo el mundo acaba eligiendo los corazones”. Y aquel tipo tenía razón. Porque yo no quería mirarla a la cara, ni tan siquiera observar sus cartas detenidamente como si en algún momento pudiera ver a través de ellas. Me quedé atontado con su escote sugerente.
“La estrategia agota”, pensé, “pero estamos tan cegados por alcanzar nuestras metas que competiríamos con cualquiera hasta el fin de los días”. Levanté la mirada. Tenía un gesto serio de concentración, como si estudiara una pizarra abarrotada de fórmulas matemáticas, aunque no parecía molesta por el hecho de haberla desnudado con los ojos durante todo ese rato.
“Y en cada choque de trenes, existe un momento decisivo que inclina la balanza hacia el éxito o el fracaso, concediéndonos un instante tan delicado como traicionero”. Sus generosos pechos me estaban sometiendo a examen. Levanté mi as y mi reina de diamantes. Quizás la competición tiene una carga erótica deslumbrante, después de todo. Quizás tendría que haber confiado en los corazones.
“Lo veo”, dije, después de un suspiro.
Ella observó mis cartas, con un apetito casi sexual, y sonrió.
Y allí estaba yo, enfrente suya, acordándome de aquel viejo trilero que me regaló mi primera baraja de naipes. “Los diamantes inspiran poder y confianza, pero todo el mundo acaba eligiendo los corazones”. Y aquel tipo tenía razón. Porque yo no quería mirarla a la cara, ni tan siquiera observar sus cartas detenidamente como si en algún momento pudiera ver a través de ellas. Me quedé atontado con su escote sugerente.
“La estrategia agota”, pensé, “pero estamos tan cegados por alcanzar nuestras metas que competiríamos con cualquiera hasta el fin de los días”. Levanté la mirada. Tenía un gesto serio de concentración, como si estudiara una pizarra abarrotada de fórmulas matemáticas, aunque no parecía molesta por el hecho de haberla desnudado con los ojos durante todo ese rato.
“Y en cada choque de trenes, existe un momento decisivo que inclina la balanza hacia el éxito o el fracaso, concediéndonos un instante tan delicado como traicionero”. Sus generosos pechos me estaban sometiendo a examen. Levanté mi as y mi reina de diamantes. Quizás la competición tiene una carga erótica deslumbrante, después de todo. Quizás tendría que haber confiado en los corazones.
“Lo veo”, dije, después de un suspiro.
Ella observó mis cartas, con un apetito casi sexual, y sonrió.
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