Después de dos horas cosiéndonos con la mirada me clavó el alfiler, se arremangó la sonrisa y le dio el último trago a su cerveza de importación, que ya estaría como el caldo de un cocido. Por lo menos en ese momento deseé que así fuera.
-¿Ya te vas?
-Sí, ¿qué pasa?
(Qué no pasa, más bien)
-Nada, que nos quedan cosas por decir.
(Y por hacer)
-Nos queda todo.
-Pues sí.
-Pero ya es muy tarde. ¿No crees?
(No)
-Supongo que para saber tu nombre aún no.
Diez segundos después los pétalos de su falda bailaron un swing y se marcharon por donde habían venido, como arrastrados por un vendaval de estrofas de Sabina.
¿Por qué tenía que llamarse así?
No me había dejado los latidos en la punta de la lengua, ni el entrecejo arrugado como un montón de ropa en la cesta de la ropa sucia.
Es verdad.
Aún no han inventado nada que conquiste mejor a un hombre que una buena mamada.
viernes, 9 de marzo de 2012
viernes, 2 de marzo de 2012
Modus operandi
Y dime. En qué coño se parece esto a un corazón. En la forma no será, porque parece un estropajo sucio. En la textura tampoco, ya que cuando lo toco me da la impresión de que le estoy manoseando el culo a una vieja. Y en el olor menos, porque ahí dentro huele a mierda de hipopótamo en un cuarto sin ventanas. Así que dime. En qué coño se parece este trasto inútil y asqueroso a un corazón. En qué. Toma, cógelo y estrújalo como un pomelo y hazte un zumo. O juega con él a la pelota vasca, o píntale una carita sonriente, o yo qué cojones sé, pero no me digas que esto es un corazón. Y menos ahora, después de echar un polvo y acabar en el momento exacto en el que Matías Prats da paso a los deportes, y me estoy poniendo los gayumbos apoyado en la pared por el tembleque de mis piernas. Joder, ahora no. Ahora no me preguntes si te quiero o te dejo de querer, si ahí dentro late algo o chirrían a la vez mil bisagras oxidadas. Y no me cojas de la mano ni me digas que está bien, que no te importa qué vendrá tras el cigarrillo del después o del portazo a mis espaldas, porque tú te estás mintiendo y a mí me engañas, y es cuando parece que soy yo el que quiere echarse tres en uno en las arterias, y quién demonios sabe si es verdad.
En nada. Y claro que no. Esas son las respuestas.
Te espero en el váter jugando al tetris.
Hasta que te apetezca darte un baño.
En nada. Y claro que no. Esas son las respuestas.
Te espero en el váter jugando al tetris.
Hasta que te apetezca darte un baño.
Prescripciones:
Profilácticos usados,
Relatos para el insomnio
viernes, 24 de febrero de 2012
Marcapáginas
Los principios siempre cuestan.
Recuerdo cuando Tomás, el cuatro ojos del colegio, le dio un beso en la boca a la gigantona de Carlota en el pasillo.
Fue sin avisar. Se acercó por detrás, dando saltitos como un gorrión en la rama de un árbol, se puso de puntillas y aterrizó en sus labios ante la atónita mirada de la idiota de Patricia, que en aquellos tiempos tenía el culo del tamaño de un pupitre y una envidia que rozaba lo obsceno. Cuando vio que aquella gesta no había sido tan difícil, Tomás le metió la lengua a Carlota y jugueteó con la suya durante un par de segundos que interrumpieron la rotación del planeta.
Ella ni se inmutó. Ni siquiera dio un respingo.
Incluso había cerrado los ojos durante el breve trayecto.
Poco después, Carlota agarraba de la mano a aquel gorrión con gafas veinte centímetros más bajito que ella, y le llamaba “cariño” y “mi pajarito”. Y una noche, mientras los dos estaban desnudos en la cama, le confesó que llevaba esperando aquel beso desde cuarto de primaria.
Los principios, siempre cuestan. Los finales son sencillos, porque la mayoría de las veces no avisan. Son implacables.
Empezar de cero. Como si el cero fuera el origen de todo.
Qué frase más estúpida.
Recuerdo cuando Tomás, el cuatro ojos del colegio, le dio un beso en la boca a la gigantona de Carlota en el pasillo.
Fue sin avisar. Se acercó por detrás, dando saltitos como un gorrión en la rama de un árbol, se puso de puntillas y aterrizó en sus labios ante la atónita mirada de la idiota de Patricia, que en aquellos tiempos tenía el culo del tamaño de un pupitre y una envidia que rozaba lo obsceno. Cuando vio que aquella gesta no había sido tan difícil, Tomás le metió la lengua a Carlota y jugueteó con la suya durante un par de segundos que interrumpieron la rotación del planeta.
Ella ni se inmutó. Ni siquiera dio un respingo.
Incluso había cerrado los ojos durante el breve trayecto.
Poco después, Carlota agarraba de la mano a aquel gorrión con gafas veinte centímetros más bajito que ella, y le llamaba “cariño” y “mi pajarito”. Y una noche, mientras los dos estaban desnudos en la cama, le confesó que llevaba esperando aquel beso desde cuarto de primaria.
Los principios, siempre cuestan. Los finales son sencillos, porque la mayoría de las veces no avisan. Son implacables.
Empezar de cero. Como si el cero fuera el origen de todo.
Qué frase más estúpida.
Prescripciones:
Relatos para el insomnio
martes, 21 de febrero de 2012
30 de noviembre
Ayer, en algún rincón del mundo, alguien se tiró desde un balcón mientras silbaba un blues.
Un padre de familia vaciaba dos botellas de whisky en un bar mientras su hijo jugaba el partido más importante del año.
Una mujer daba a luz en una habitación a oscuras sin asistencia médica.
Alguien dijo te quiero por primera vez.
Una bala atravesó un corazón.
Un director casado de una importante empresa recibió una mamada por parte de su secretaria.
Un perro fue apaleado por su dueño hasta que le partió las costillas por haberse meado en el asiento del coche.
Un gusano merendó en el cadáver de un niño que murió de inanición.
Ayer, una lágrima empapó los labios de una madre soltera que encontró trabajo.
Se dieron la mano dos personas que planean un atentado terrorista.
Subió la temperatura media del planeta.
Se cerró un quiosco.
Se abrió un banco.
Se encontró un nuevo avance en la vacuna contra el cáncer.
Y se escribió la última palabra del próximo best seller mundial.
Pero ayer acabó, y hoy ha amanecido.
Porque siempre amanece.
Porque todo pasa.
Hasta los días sin ti.
Un padre de familia vaciaba dos botellas de whisky en un bar mientras su hijo jugaba el partido más importante del año.
Una mujer daba a luz en una habitación a oscuras sin asistencia médica.
Alguien dijo te quiero por primera vez.
Una bala atravesó un corazón.
Un director casado de una importante empresa recibió una mamada por parte de su secretaria.
Un perro fue apaleado por su dueño hasta que le partió las costillas por haberse meado en el asiento del coche.
Un gusano merendó en el cadáver de un niño que murió de inanición.
Ayer, una lágrima empapó los labios de una madre soltera que encontró trabajo.
Se dieron la mano dos personas que planean un atentado terrorista.
Subió la temperatura media del planeta.
Se cerró un quiosco.
Se abrió un banco.
Se encontró un nuevo avance en la vacuna contra el cáncer.
Y se escribió la última palabra del próximo best seller mundial.
Pero ayer acabó, y hoy ha amanecido.
Porque siempre amanece.
Porque todo pasa.
Hasta los días sin ti.
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Jarabes para el desamor
miércoles, 8 de febrero de 2012
VLG1207
Estaba en el asiento de mi izquierda hecha un ovillo con el pelo recogido y de sus cascos, brotaba una de Pink Floyd. Entonces las luces del techo se apagaron y me dejaron en la más solita soledad, con el brillo de sus dientes y del sol, que echaba un polvo con las nubes de algodón de azúcar. Pedí un agüita mineral con la boca llena de arena y un ejército de tics nerviosos de cintura para abajo cuando el how i wish despegó entre pentagramas, y se apoyó en el reposabrazos.
Se deshizo la coleta.
Y las luces se volvieron a encender y exhibió su cara de cachorro de león, pero se enroscaba como un gato en una pierna y hasta se le escapaba algún que otro ronroneo. La atrapé una mano con una mía, y por un segundo fusionamos temperaturas corporales. "¿Vamos al lavabo?", y abrí las fauces esperando, que la cachorra de león fuera leona adulta y me cazara, entre las praderas de las nubes.
Se rehízo la coleta.
Y las salidas de emergencia se oxidaron, cuando sus labios, silbaron un you were here.
Se deshizo la coleta.
Y las luces se volvieron a encender y exhibió su cara de cachorro de león, pero se enroscaba como un gato en una pierna y hasta se le escapaba algún que otro ronroneo. La atrapé una mano con una mía, y por un segundo fusionamos temperaturas corporales. "¿Vamos al lavabo?", y abrí las fauces esperando, que la cachorra de león fuera leona adulta y me cazara, entre las praderas de las nubes.
Se rehízo la coleta.
Y las salidas de emergencia se oxidaron, cuando sus labios, silbaron un you were here.
Prescripciones:
Relatos para el insomnio
domingo, 5 de febrero de 2012
"Con lo que hemos sido", Toma Dos
El café de por la tarde era sagrado, incluso más que desearnos las buenas noches. Un par de tazas humeantes entre los dos significaba que todo estaba en perfectas condiciones, en su sitio, con ese orden tan desordenado e inquebrantable que nos oxigenaba. Cogíamos las cucharas y brindábamos con ellas como si fueran copas de champán, conocedores de la importancia de aquella fascinante ceremonia. Después guardábamos un minuto de silencio por cada trago, para evitar que nuestros paladares montaran en cólera por no mostrar cortesía. Y por último nos guiñábamos un ojo y nos mordíamos el labio inferior para demostrarnos que aquellas tazas de café, que aquella diminuta porción de tiempo, era lo que más merecía la pena de toda la historia de la humanidad.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
lunes, 30 de enero de 2012
Dosmildoce
Tal vez venga la tormenta después de la calma y no al revés, con prisas y sin quitar la vista de un reloj como el conejo del país de las maravillas, y entre dando portazos a través de todas las células de los corazones en ruinas llevándose los despojos, arrojándolos a un contenedor de reciclaje. El rencor al amarillo, por ser envase contaminante y nocivo. Los besos con nata van al gris como alimentos fácilmente biodegradables que son. Al verde las promesas envueltas y encerradas en el cajón del olvido, y los te quiero… joder, a esos es imposible reciclarlos.
Y qué le digo a la tormenta que se lleve. Seguro que me cobra un plus de peligrosidad por tratar con materiales radiactivos, o me suelta que aún no han inventado ningún proceso milagroso, que digiera toda aquella mierda de ahí dentro. Qué les digo al huracán y al tifón que se lleven de un soplido. Qué coño le digo al terremoto que destruya, cuando el trabajo ya está hecho. Podría pedir una ración de energía nuclear a domicilio, un cicuta con limón, un virus de origen animal o incluso una glaciación, que congele este desierto.
O tal vez podría incluso aprender a caminar, sin tener que seguir tu rastro como un perro.
Tal vez.
Y qué le digo a la tormenta que se lleve. Seguro que me cobra un plus de peligrosidad por tratar con materiales radiactivos, o me suelta que aún no han inventado ningún proceso milagroso, que digiera toda aquella mierda de ahí dentro. Qué les digo al huracán y al tifón que se lleven de un soplido. Qué coño le digo al terremoto que destruya, cuando el trabajo ya está hecho. Podría pedir una ración de energía nuclear a domicilio, un cicuta con limón, un virus de origen animal o incluso una glaciación, que congele este desierto.
O tal vez podría incluso aprender a caminar, sin tener que seguir tu rastro como un perro.
Tal vez.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor,
Tiritas de cobardías
domingo, 22 de enero de 2012
En clave de vos
Do, la felicidad te persigue adonde vayas, donde lo dulce y lo salado se reúnen a fumar hierba, donde Barcelona y lo porteño se comen a besos por los rincones. Donde sábado y domingo se recuestan en literas diminutas, y corazones del tamaño de un planeta los arropan. Donde las anclas de tu buque no te amarran, y dormitan las estrellas bajo el sol de tu bandera.
Re, porque fue relindo mientras duró. Maravilloso, bello, hermoso, auténtico. Fresco, dulce, cachondo, ahumado, adolescente… y jodidamente corto.
Mi, cuando mi morada fue la tuya, y el espejo de mi risa fue la tuya. Cuando mirabas hacia el mar desplegando un sueño al infinito, y sazonabas con miel la mierda que nos rodea. Cuando el miedo escapaba de tus pasos, y las miserias migraban de comarca. Cuando la amargura era menos amarga, solamente almorzando tus migajas.
Fa, que tienes faena: cada día de tu vida no le falles a tu instinto. Él te fabrica como eres, y por eso me fascina. Sé fiel a tus principios, facilita lo imposible y dibuja arcoíris en tormentas de granizo. Escribe la fábula de tu vida sin que te importe el final del cuento, enfádate, desmelénate, y entierra con tu fantasía el fango que te incomode.
Un brindis por el Sol. Una copita de cava del bueno, del bonito, y del caro para vos; para los altos, para los bajos, para los catalanes, para los madrileños, para las argentinas con garbo, para los que te conocen, para los que aún no te han encontrado. Un brindis por el Sol, porque seguirá siendo… nuestro mismo compañero de piso.
Y que La próxima visita sea pronto.
Porque Si no me vuelvo reloco, pelotuda.
Re, porque fue relindo mientras duró. Maravilloso, bello, hermoso, auténtico. Fresco, dulce, cachondo, ahumado, adolescente… y jodidamente corto.
Mi, cuando mi morada fue la tuya, y el espejo de mi risa fue la tuya. Cuando mirabas hacia el mar desplegando un sueño al infinito, y sazonabas con miel la mierda que nos rodea. Cuando el miedo escapaba de tus pasos, y las miserias migraban de comarca. Cuando la amargura era menos amarga, solamente almorzando tus migajas.
Fa, que tienes faena: cada día de tu vida no le falles a tu instinto. Él te fabrica como eres, y por eso me fascina. Sé fiel a tus principios, facilita lo imposible y dibuja arcoíris en tormentas de granizo. Escribe la fábula de tu vida sin que te importe el final del cuento, enfádate, desmelénate, y entierra con tu fantasía el fango que te incomode.
Un brindis por el Sol. Una copita de cava del bueno, del bonito, y del caro para vos; para los altos, para los bajos, para los catalanes, para los madrileños, para las argentinas con garbo, para los que te conocen, para los que aún no te han encontrado. Un brindis por el Sol, porque seguirá siendo… nuestro mismo compañero de piso.
Y que La próxima visita sea pronto.
Porque Si no me vuelvo reloco, pelotuda.
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Recetas personalizadas
miércoles, 18 de enero de 2012
De cómo Yin conoció a Yang
"¿Qué te pasa, que no quieres follarme esta noche?", amenazó María de las Mercedes con las bragas en la mano. "¿Que qué me pasa? Fóllame tú que yo ya estoy hasta los huevos de ser el que lleva el timón". Porque follar es lo que tiene, es un verbo de una sola dirección y dos sentidos. El que folla es el que manda, y al que se follan es el gobernado, el sometido, el arrastrado hacia el perverso cosmos depravado del que folla. Pero María de las Mercedes era muy señorita en los juegos de colchón, con su cama oliendo a azucenas y un solo suspiro de gusto en toda la aventura, al final, cuando el que folla ya tiene los dedos en carne viva de manosearla y la lengua como la bota de un cowboy. Hay un tipo que pregona por el barrio que consiguió que aquella dama se le subiera encima y comenzara a rugir como un tigre de Bengala, pero no apostaría ni un mísero pelo de mi barba a que eso fuera cierto. Mira que engañaba la condenada, la primera vez que la recuerdo (vestida) fue en un bar del Barrio Gótico en penumbras, aunque la muy cachonda se había puesto pegatinas con luces parpadeantes por aquellas tetas de sandía, iluminando a fogonazos su contorno y reflejándolo en las paredes. Aquella noche hubo once desmayos y un infarto en aquel bar, hasta que una servilleta con forma de avioncito aterrizó en mi mesa solitaria con un mapa, una equis, y un "hasta dentro de una hora".
"¿Es que ya no te pongo, o qué?", se atrevió. "Pues nada, pues nos vamos a dormir", resopló, con todo su descaro. Y fue y se puso las bragas con un brinco de trapecista ocultando aquel coño tan esnob y sibarita, y media hora después cerré la boca y apagué el cerebro, por si se me acababa la batería.
"¿Es que ya no te pongo, o qué?", se atrevió. "Pues nada, pues nos vamos a dormir", resopló, con todo su descaro. Y fue y se puso las bragas con un brinco de trapecista ocultando aquel coño tan esnob y sibarita, y media hora después cerré la boca y apagué el cerebro, por si se me acababa la batería.
Prescripciones:
Relatos para el insomnio,
Viagras gramaticales
viernes, 23 de diciembre de 2011
Cro-no-lo-gí-a de un patio de recreo
-Vamos, te toca. Voy a cerrar los ojos y contar hasta cien.
-Y después, ¿qué pasará?
-Pues que los abriré. Empiezo ya.
-Cien es mucho. Ya tengo…
-Uno, dos, tres…
-… el escondite decidido…
-… siete, ocho, nueve…
-… desde que te apetecía jugar.
-… doce, trece, catorce…
Canturreaba, y contaba hacia delante, en la misma dirección que huía.
Para mí, era una cuenta atrás. En la misma dirección que…
-… veinticinco, veintiséis, veintisiete…
Hay quien que se pasa toda una vida buscando un rincón donde esconderse. Hay quien nace agazapado, esperando al momento idóneo para salir de su escondrijo. Y…
-… cuarenta, cuarenta y uno, cuarenta y dos…
… y hay personas que deciden, simplemente, no jugar al escondite.
-¡Ya voy por la mitad!
"Y yo también".
Recordé una tarde de diciembre de hace mucho tiempo, aunque parecía que fuese ayer. Nevó tanto que con cada paso nos hundíamos hasta casi las rodillas. La maraña de calles tendía una majestuosa lona nívea por toda la ciudad, sepultando asfalto y adoquines, basura, despojos.
-… sesenta y tres, sesenta y cuatro, sesenta y cinco…
Las horas fueron pasando, y la lona menguando. Las huellas de nuestras pisadas se estampaban en la nieve, radiantes como firmas de una estilográfica.
"Ojalá tus huellas no se borraran nunca", "¿Por qué?", "¿Por qué va a ser? ¡Porque ese pie tan enano que tienes merece su propio espacio en el mundo, como los actores de Hollywood!".
Claro que no era por eso.
Se rió mucho.
-Ochenta y siete, ochenta y ocho, ochenta y nueve…
Al asfalto le quemaban los dedos bajo toda aquella piel blanca, que no paraba de fundirse entre las siluetas de las huellas.
De sus huellas.
No lograron esconderse.
No les dio tiempo.
-… ¡Y cien!
Destapó sus ojos y me miró tan fijamente que nuestras pupilas bailaron un minué.
-Fíjate… ¡Qué rápido me has encontrado!
-Pues que los abriré. Empiezo ya.
-Cien es mucho. Ya tengo…
-Uno, dos, tres…
-… el escondite decidido…
-… siete, ocho, nueve…
-… desde que te apetecía jugar.
-… doce, trece, catorce…
Canturreaba, y contaba hacia delante, en la misma dirección que huía.
Para mí, era una cuenta atrás. En la misma dirección que…
-… veinticinco, veintiséis, veintisiete…
Hay quien que se pasa toda una vida buscando un rincón donde esconderse. Hay quien nace agazapado, esperando al momento idóneo para salir de su escondrijo. Y…
-… cuarenta, cuarenta y uno, cuarenta y dos…
… y hay personas que deciden, simplemente, no jugar al escondite.
-¡Ya voy por la mitad!
"Y yo también".
Recordé una tarde de diciembre de hace mucho tiempo, aunque parecía que fuese ayer. Nevó tanto que con cada paso nos hundíamos hasta casi las rodillas. La maraña de calles tendía una majestuosa lona nívea por toda la ciudad, sepultando asfalto y adoquines, basura, despojos.
-… sesenta y tres, sesenta y cuatro, sesenta y cinco…
Las horas fueron pasando, y la lona menguando. Las huellas de nuestras pisadas se estampaban en la nieve, radiantes como firmas de una estilográfica.
"Ojalá tus huellas no se borraran nunca", "¿Por qué?", "¿Por qué va a ser? ¡Porque ese pie tan enano que tienes merece su propio espacio en el mundo, como los actores de Hollywood!".
Claro que no era por eso.
Se rió mucho.
-Ochenta y siete, ochenta y ocho, ochenta y nueve…
Al asfalto le quemaban los dedos bajo toda aquella piel blanca, que no paraba de fundirse entre las siluetas de las huellas.
De sus huellas.
No lograron esconderse.
No les dio tiempo.
-… ¡Y cien!
Destapó sus ojos y me miró tan fijamente que nuestras pupilas bailaron un minué.
-Fíjate… ¡Qué rápido me has encontrado!
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Relatos para el insomnio
martes, 29 de noviembre de 2011
Cajón de los calcetines
Me falta un hueco
para atraparte
entre los dedos.
Me sobran dudas
para encontrarte
en las respuestas.
Me falta tiempo
para esconderte
entre los sueños.
Me sobran cunas
donde mecerte
en mis desvelos.
para atraparte
entre los dedos.
Me sobran dudas
para encontrarte
en las respuestas.
Me falta tiempo
para esconderte
entre los sueños.
Me sobran cunas
donde mecerte
en mis desvelos.
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Jarabes para el desamor
miércoles, 23 de noviembre de 2011
"Con lo que hemos sido", Toma Uno
Veraneaba en el otoño con su sonrisa tímida habitual pero en las paradas del autobús podía oírse el eco de cuando reía desatada y me plantaba un beso en la mejilla por sorpresa como descorchando una botella de Rioja del sesenta y cuatro en un iglú. Entonces una ráfaga de viento despeinaba su flequillo dibujado con escuadra y cartabón, mientras metía sus manitas con rojo acrílico sobre el lienzo de sus uñas en el bolsillo de mi chaquetón y volteaba el mundo cruzándose de piernas. Después el gris marengo de las nubes se apagaba y sus labios comenzaban a temblar como un flan de caramelo recordándome que aquel postre aún estaba por tomar y que mañana, o tal vez pasado, pagaríamos la cuenta. Y el viento soplaba y la despeinaba y no para de reír hasta que llegaba el mastodonte sobre ruedas que nos llevaba hacia su alcoba, donde hacíamos montañas con la ropa y nos frotábamos como esquimales que fabricaban una hoguera, utilizando dos o tres gemidos al segundo como fuelle y medio millar de lametones de sarmiento.
Prescripciones:
Jarabes para el desamor
lunes, 31 de octubre de 2011
Café exprés
''Es como, no sé, sabes esa sensación cuando abres un regalo que te hacen con todo el amor del mundo y lo que hay dentro te parece una auténtica mierda, se produce un silencio incómodo que te sube los colores y es cuando el que regala espera que digas algo, un mañana me lo pongo, un mañana me lo veo, o algún maldito gracias que terminas escupiendo como si te hubieras enjuagado la boca con vinagre. Después sonríes estúpidamente y te sientes el tío más capullo y desagradecido de la historia, aunque por dentro sigues pensando en que ese regalo tardaron en comprarlo lo mismo que tú en desenvolverlo, y te viene a la cabeza aquella expresión iluminada de que lo hecho con buena intención es siempre bueno, que qué cabronazo eres si se te ocurre lo contrario, qué sinvergüenza. Por supuesto, piensas, pero es una basura y punto, o ya lo tengo, o menudo coñazo que ni siquiera te conozcan como para saber lo que quieres, tú ahí pidiendo egoístamente otra cosa con esa estúpida sonrisa, ese agradecimiento avinagrado y esa lava en tus mejillas, y la otra persona confiando ciegamente en que en ese preciso instante eres un hombre feliz y afortunado por tenerla cerca. Pues así es más o menos como me siento cuando me despierto y al otro extremo de la almohada aparece una mujer que no es la que deseo, para que te hagas una idea.''
Prescripciones:
Intranquilizantes,
Píldoras contra la ignorancia
jueves, 27 de octubre de 2011
Genética evolutiva
A veces, no estaría mal ser una bestia para hibernar entre tus piernas. O cuando el viento sea ventisca, y refugiarme en la gruta de tu ombligo. Ser un díscolo salvaje, un animal, para dejar las huellas de mis garras por tu espalda. Bajar por el monte de tus labios, respirando de tu aliento, reflejándome en el lago de tus ojos pardos.
Tampoco me dolería arrojarme al vacío desde la palma de tu mano… si tuviera alas. Volar en círculos alrededor de tus caderas, y descansar en cualquiera de tus ramas. Aterrizar en tus papilas gustativas, amerizar en tu saliva. Tener plumas, para hacerte cosquillas en la nariz y que silbe tu sonrisa. Tener pico, y acudir a alimentarme hasta tu nido.
O ser caballo relinchón, y pastarte la piel como si no hubiera un mañana. Bailar al trote con tus pies, y al galope en tus pezones. Que me montes sin la silla de montar, brincar como un corcel ingobernable en tus cultivos. Ser un potro pura sangre, que bombee tus latidos; ser caballo ganador, y apostar por tus andares; o uno pinto, y mis manchas tus lunares.
A veces, no estaría mal ser alguien como yo, y que te sueñe. El sol ya no saldría, al sol lo secuestraba y pediría un trillón de lacasitos de recompensa. La luna no se escondería… la luna sería nuestra mascota en peligro de extinción.
Que te sueñe. Con tenerte.
Con tenerte, para dejar de ser cautivo.
Para volar, y relinchar, y quién coño sabe…
Tampoco me dolería arrojarme al vacío desde la palma de tu mano… si tuviera alas. Volar en círculos alrededor de tus caderas, y descansar en cualquiera de tus ramas. Aterrizar en tus papilas gustativas, amerizar en tu saliva. Tener plumas, para hacerte cosquillas en la nariz y que silbe tu sonrisa. Tener pico, y acudir a alimentarme hasta tu nido.
O ser caballo relinchón, y pastarte la piel como si no hubiera un mañana. Bailar al trote con tus pies, y al galope en tus pezones. Que me montes sin la silla de montar, brincar como un corcel ingobernable en tus cultivos. Ser un potro pura sangre, que bombee tus latidos; ser caballo ganador, y apostar por tus andares; o uno pinto, y mis manchas tus lunares.
A veces, no estaría mal ser alguien como yo, y que te sueñe. El sol ya no saldría, al sol lo secuestraba y pediría un trillón de lacasitos de recompensa. La luna no se escondería… la luna sería nuestra mascota en peligro de extinción.
Que te sueñe. Con tenerte.
Con tenerte, para dejar de ser cautivo.
Para volar, y relinchar, y quién coño sabe…
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